[LA OPINION] "Nos trataban como presos", cuenta una madre migrante"

A raíz de los once largo meses que José de 9 años pasó encerrado junto con su madre Blanca L. en el centro de detención para familias indocumentadas en Dilley, Texas el chico se volvió tímido y no quiere andar solo.

Blanca tiene problemas para dormir. Los fantasmas del maltrato y discriminación que dice haber sufrido en el encierro la hacen despertar sobresaltada.

Ella y su hijo salieron de El Salvador el 12 de junio del año pasado. Huían de la violencia doméstica que el jefe de la familia ejercía sobre ellos a diario.

Cuando madre e hijo habían logrado llegar a McCallen, Texas fueron interceptados por la patrulla fronteriza, el 27 de junio.

El encierro

“Durante cuatro días nos mantuvieron en las ‘hieleras', como le llaman a unos cuartos fríos donde ponen juntas a más de 60 personas. Dormíamos sentados en unas bancas de cemento”, recuerda la inmigrante salvadoreña.

De ahí los trasladaron a las “perreras”, una especie de bodegas con paredes de malla ciclónica donde al menos ya tenían una colchoneta donde dormir, y les daban papel aluminio para taparse.

Aunque esos días fueron tormentosos, la verdadera pesadilla comenzó cuando los llevaron al centro de detención para familias indocumentadas.

“Nos trataban como presos. La única diferencia es que no nos hacían usar uniformes”, relata Blanca.

Añade que con frecuencia les negaban comida, el papel higiénico y otros artículos de baño. “Nos servían comida que parecía vómito. Hasta una vez nos dieron frijoles con animales. A ellos no les importa”, comenta.

Blanca dice que el centro donde ella y su hijo permanecieron por casi un año estaba lleno a toda su capacidad, 600 personas. “La mayoría éramos de El Salvador, pero había madres de Honduras, Guatemala, Brasil. Algunas con bebés recién nacidos, otras con muchachos de hasta 17 años. Había madres ahí detenidas hasta con cuatro hijos”, recuerda.

Fueron días muy difíciles, comenta, porque el personal a cargo del centro con frecuencia les gritaban y se burlaban de ellos. “Si les pedíamos algo, nos respondían de mala gana, ‘¿quién le dijo a usted que viniera a los Estados Unidos?'. Cosas muy feas”, rememora.

Abusos

Lo que más le dolía era ver el sufrimiento de los niños como el de su propio hijo por estar atrapados entre cuatro paredes, y ser testigos de abusos. “Nos tocó ver un caso de un muchacho de 15 años que fue violado por otro de 17 años en el centro de detención. Y es que ponían juntos a los muchachos de 14 y 17 años”, dice.

También vieron como una madre hondureña se cortó las venas cuando se enteró que la iban a deportar.

La salvadoreña dice que las malas condiciones y la larga espera a que las sometían, imponiéndoles fianzas de entre 7,500 y 12,000 dólares (difíciles de pagar para ellas) llevaron a las madres a hacer dos huelgas de hambre este año al interior del centro de detención. “A mí me dieron fiebres muy altas. Sentía que me moría, pero lo hice por mi hijo, para que nos soltaran. La respuesta de las autoridades era que si seguíamos sin comer nos iban a quitar a nuestros hijos porque no podíamos atenderlos”, recuerda.

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Llega la libertad

Hace dos semanas, esta madre y su hijo fueron puestos en libertad y viajaron de inmediato a Los Ángeles para reunirse con la familia que tienen aquí. “A mi hijo le dieron asilo y yo estoy peleando mi caso todavía”, dice Blanca llena de optimismo.

Hace una semana, el Departamento de Seguridad Nacional emitió nuevos reglamentos para mejorar las condiciones de las familias detenidas. El secretario Jeh C. Johnson reconoció la ineficiencia de las detenciones a largo plazo y la necesidad de terminar esa práctica. Se estima que más de 2,500 madres y sus menores hijos permanecen en esos centros de detención. “A diario llegan más madres con sus hijos”, dice Blanca.

Agrega que en lugar de mejorar los centros de detención, ella le pediría al gobierno que los cierren porque “son peor que el infierno. Mi hijo ha quedado todo traumado. Venimos a este país en busca de un refugio para dejar atrás la violencia doméstica, la de las pandillas y la pobreza, y aquí nos tratan peor que criminales”.

Este jueves, a las 9:00 a.m. en el edificio federal de Los Ángeles, la Alianza por los Derechos Humanos de las Familias y Niños Refugiados tendrá una manifestación y conferencia de prensa para demandar libertad para las madres, niños e inmigrantes de la comunidad LGBTQ en detención.

En el último año, ha habido un incremento abrumador de mujeres y sus hijos que tratan de cruzar la frontera. El año pasado, más de 68,000 personas fueron detenidas en el área de la fronteras mientras se definía si tenían derecho a permanecer en el país. La administración Obama decidió entonces abrir centros de detención para las madres y sus hijos. Son manejados por el grupo GEO Inc, que maneja prisiones privadas, y a quien el gobierno contrata sus servicios.

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